viernes, 18 de abril de 2008

El orden oculto



Hace poco, observando una fotografía del desembarco de Normandía, sobre el desorden próximo al caos en el que aparecían hombres y artefactos sobre la orilla de la playa, en el mar y en el aire. La sensación que este desorden trasmitía induciría a una duda: ¿en realidad se trata de un avance, de un despliegue o, por el contrario, lo que vemos es el momento desordenado de una derrota, de una dispersión? A menudo asimilamos el avance de los ejércitos al orden, a la perfecta formación, al dibujo de estructuras geométricas, todo ello dirigido a una mayor efectividad de ataque y potencionalidad para ocupar territorio ya que esto es, en definitiva, lo que un ejército en marcha trata de lograr. Las antiguas formaciones geométricas constituirían la única forma posible de intercomunicación entre los componentes de un ejército en marcha. Esta comunicación -imprescindible para mantener el orden de ataque- se sostenía así, básicamente en lo visual.



La composición cerrada es lo que mantiene el orden y la comunicación al mantener activa la información. A partir de la planificación más compleja y de la radio, se hace innecesaria la formación geométrica para sostener activa la comunicación. El control entonces se hace más sutil, menos evidente; no se precisa de la geometría ni de interrelaciones visuales para mantener el estado relacional adecuado a la ocupación y el ataque. Recordando ahora la foto del desembarco de Normandia, cabria preguntarse si el desorden no geométrico que aparece corresponde con la realidad o, por el contrario, es solo una apariencia. No cabe imaginar, obviamente, semejante despliegue sujeto al azar o a la arbitrariedad. De modo que hay que pensar en la existencia de un orden oculto capas de extenderse sobre la playa: un sistema basado en un control abierto más que en un orden cerrado.

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