Siempre he creído en la imposibilidad para entender de verdad lo que siente el otro, es por así decirlo, un sistema de pensamiento, una cuestión de identidad, la suma de experiencias pasadas. Sin embargo, aunque no nos conozcamos, podemos funcionar como individuos porque no tenemos ninguna necesidad real de conocer al otro. Es decir que, en mi mente, se esconde un enorme cementerio; Un depósito de recuerdos muertos.
Son en su mayoría personas, lugares, sentimientos que alguna vez vivieron dentro y por alguna razón están muertos. Ahora vagan por mi subconsciente en forma de fantasmas. Quizá no los vea todo el tiempo, pero sé que están ahí porque los escucho. Solo aparecen frente a mí cuando topo con algún estimulo: un olor, un sonido, una imagen.
Algunas veces, es como si vinieran a cobrarme, a echarme en cara y recordarme que siguen ahí esperando saldar cuentas. Pero no tengo con que pagarles. Estoy roto. Quizá algunos me deban a mí. Ó quizá también exista algún fantasma de mi persona atormentando la cabeza de alguien más. No lo sé. Y aunque me consuela un poco, eso no cambia nada.
Pero ahora mi problema es que aparecen por todos lados: comen conmigo, duermen conmigo, son lo primero que veo al despertar. En realidad ya no me atormentan. Solo quizá, cuando aparece uno nuevo y comienza a atacar mi cabeza pidiéndome explicaciones de su muerte. Pero no todos los he matado yo. Algunos de verdad los amaba mientras vivían pero decidieron suicidarse por creer que el mañana sería mejor. Así que yo no he sido el culpable de todo. Pero tampoco ellos son responsables de mis trastornos. Simplemente regresan a mí para recordarme quien soy y saber si aun los necesito.
